LEMA ANUAL

Introducción

El pasado año hicimos foco en la tinaja de la Pastoral Vocacional y nos ayudamos a caer en la cuenta que somos y estamos llamados a algo grande porque somos amados a lo grande; y este año pondremos el acento en la tinaja de la Misión Educativa.

La finalidad de un centro educativo menesiano, es hacer experiencia del proyecto de Jesús, un proyecto de hermanos, donde todos nos sintamos en pie de igualdad en la mesa común del Reino, porque todos nos sabemos hermanos y hermanas, hijos e hijas del mismo Padre, aunque necesariamente, todos prestemos diferentes servicios.

En esta línea el capítulo de Distrito recoge estas afirmaciones en la presentación del tema de la Misión Educativa: La educación menesiana está llamada a hacer de las obras educativas espacios de fraternidad, a pasar de la escuela de los Hermanos a “escuelas de hermanos”, donde todos nos sintamos hermanos porque lo somos y así nos tratamos; a pasar de mesas con lugares de privilegio, a la mesa redonda donde el lugar que se ocupa no es indicador de privilegio sino del rol desde el que se sirve. Estamos invitados a proponer a la comunidad educativa experiencias de servicio, de contacto con los más necesitados y a leerlas en clave de fe; a hacer de la escuela un lugar inclusivo, donde no nos llame la atención el diferente, porque todos lo somos. ¿Es éste el espíritu que anima nuestras obras educativas?

El proyecto de fraternidad universal resuena con más fuerza en nuestros oídos desde la publicación de la encíclica Fratelli Tutti del Papa Francisco. Ya lo había mencionado al tema en Laudato Sii y en Querida Amazonía, al entender a la persona como ser interconectado con todo lo creado, con todas las creaturas y con el Creador. Somos seres en relación y estas nos definen.

Las relaciones que tejemos nos van conformando. Si son relaciones de fraternidad nos posicionarán en un pie de igualdad ante los demás. Si son relaciones de poder nos ubicarán abajo o arriba, dentro o fuera, al centro o al margen y nos significarán como los que podemos o no, como los dominantes o dominados, como superiores o inferiores, como marginados o incluidos, como poseedores o desposeídos, como ganadores o perdedores, como libres o esclavos, etc. mas nunca como hermanos y hermanas, diversos y por ello complementarios.

La escuela es una pequeña porción de la sociedad y en ella se replican las relaciones sociales a las que estamos habituados. Pero la escuela de inspiración cristiana, la escuela menesiana, está llamada a no-normalizar, a visualizar aquellas relaciones que no reflejan el Reino.

El proyecto de Jesús es claro, hablando de las relaciones de poder: ‘entre ustedes no tiene que ser así; todos ustedes son hermanos’ (Cfr. Mt 23, 18). La fraternidad reclama un estilo de relaciones donde el que quiere ser el primero debe hacerse el servidor de todos, porque el servicio es el termómetro que marca nuestra vivencia de la fraternidad.